martes, 7 de mayo de 2019

ENSAYOS Y REFLEXIONES DE UN INÚTIL POETA

PRESENTACIÓN
ENSAYOS Y REFLEXIONES DE UN INÚTIL POETA

                                                              "Si novela es el arte de crear un hombre,
                                                                Biografía es el arte de resucitarlo”
                                                                             Emil Ludwig

L
a inutilidad de la Literatura, el vacío de las voces coreadas por compromiso; lo innecesario de mis textos, prescindibles voces que se ahogan en el rugido de este océano catastrófico de la vida y la banal ilusión de dejar un mensaje. Todo para reconocerme como Poeta, como Escritor, como coleccionista de asombros y fracasos, como la persona solitaria que escarba los enormes montones de basuras y rescata y revela cadáveres de cosas, muñones y fragmentos de seres marginales, talentos perdidos en la toxicidad, apocados y opacados; sometidos por las fuerzas absurdas de poderes opresores y alienantes. Rearmando los cristales coloreados de la memoria dispersos por los caminos ya pisados en la inutilidad de volver a un sitio que abandonamos y que nunca será igual porque el sitio quedó atrás y la ficción de recordarlo lo vuelve mítico y lo consagra como escenario de maravillas que no fueron tales, pero que el ejercicio de la memoria le ha limado sus asperezas y le ha quitado sus sabores amargos para convertirlo en dulce añoranza. 

El Poeta mexicano José Gorostiza, anárquico, consciente, en cuya abrumadora lucidez se fusionan los contrarios, para quien la vida no es la vida: es luz y sombra, no hay paraísos ni soluciones, no hay expiaciones porque no hay pecado. Él nos advirtió que el soplo que hincha la sustancia, la modela y erige las formas; es el mismo que la carcome,  arruga y deforma, destrozándola; y, cuya esencia sintetizó en su bello poema “Muerte Sin Fin” del cuál cito este fragmento: “La aguja del instantero  /  Recorrerá su cuadrante  /  Todo cabrá en un instante  /  Y será posible acaso  /  Vivir después de haber muerto.”  Porque para el anarquista la vida fluye corriente y convencional, vida y muerte son una misma cosa, como caras de la moneda.  El anarquista no tiene esperanza ni fe, ni deja de cumplir sus deberes por nada y para nada; y, tampoco tiene un guía espiritual que lo cabrestee cual borrego.  Al anarquista la historia sólo le sirve como punto de referencia, más no como código ni como juez.  No espera nada de nadie consecuente en el sentido de no creer y no confiar; lo que lo lleva a cumplir sus deberes honestamente, sin esperar recompensa por ello, pues su reconocimiento está en su satisfacción. 

La inutilidad de los abrazos mal llamados solidarios y la triste e impotente realidad de que a pesar de tener todas las ganas y toda la buena voluntad nada podemos hacer los Poetas y Utopistas para evitar que el mal se ensañe contra los más humildes y tiña de rojo turbio y manchado de tragedia nuestro verde campo. Porque si hay algo sabido, reconocido y comprobado sin la más mínima duda es la inutilidad de la poesía. En esta sociedad pragmática e insensible que sólo cree en el poder del dinero y la vastedad del confort; la poesía sólo sirve para acercarnos, para estrechar nuestras relaciones, para humanizarnos y hacernos solidarios  -que es justamente lo contra indicado- lo mandado a desaparecer.  Ni aquí ni en cualquier otro lugar de este basurero que habitamos la poesía procura al artista un céntimo.  Ya lo dijo con toda claridad Nelson Romero –Premio Nacional de Poesía de no me acuerdo cuándo- cuando comparó la poesía con un hijo paralitico que no sólo hay que mantener sino que toca cargarlo, vestirlo y limpiarle sus inmundicias. La poesía obedece a un estado de ánimo. Hay en el poeta una tendencia a estar escribiendo y leyendo en forma permanente, autocriticándose y como si se tratara de una competencia a compararse con otros. Es a eso a lo que llaman “influencia”, y es tal vez, por su divina gracia que la penetración de que ha sido objeto la cultura haya llegado tan lejos: la codicia, la malicia y las conveniencias han llevado a los talentosos a postrarse ante el poderoso y estar a disposición de los amos;  han carcomido en grado sumo nuestras bases y hoy son la moda, la publicidad y el poder económico los que dictan quién o qué es bueno, talentoso y meritorio de una mención o de un cheque; replegando y arrinconando a los que no dobleguen la rodilla y agachen la cerviz ante el amo de turno. Hoy como ayer el Poeta es mendicante y enfermizo, aunque halla algunas excepciones que parecieran permitidas por la versatilidad misma del discurrir de los días, que con sus altibajos permiten la fatal caída que lleva intrínseca la esperanza.  El poeta con su capacidad de resiliencia ayuda iluminar las áreas oscuras, ayuda a recuperarnos en las crisis y a encontrar la ilusión y la belleza aún en los panoramas más gélido y grises.


Debo decir además que nadie crea. El creativo transita caminos de otros que lo influencian.  Umberto Eco un sobresaliente hombre de letras que se confesó bibliófilo, lo definió con total claridad: “La vida no es otra cosa que el recuerdo gradual de la infancia. La gente cree sólo lo que ya sabe”. El Poeta ve el mundo y transmite su testimonio y para eso lo capacita su vivencia, su bagaje cultural que no es otra cosa que la huella de sus predecesores; en consecuencia Re – Crea.  Ya lo expresó Popper en su ensayo “Acerca de la Historia y el Sentido de la Historia”: “Somos absolutamente responsables de nuestras acciones y sus repercusiones en el curso de la historia. Es cierto que necesitamos esperanza; actuar o vivir sin esperanza es algo que supera nuestras fuerzas. Pero no necesitamos nada más y nadie debe prometernos nada más. En particular la religión no debería convertirse en sustituto de los sueños y de la satisfacción de los deseos”.  

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